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Esta casa fue construida en la segunda mitad del siglo XIX. El terreno que ocupa perteneció a la huerta del Convento de San Francisco, situado frente a la Plaza del mismo nombre, unas cuadras al norte de la propiedad.

A su antiguo propietario, don Mariano Fuentes Narro, le fue ofrecido el solar cuando las propiedades de la Iglesia pasaron a manos del gobierno por virtud de las Leyes de Reforma, pero él, católico devoto, se negó a adquirirla.

Un amigo y compadre suyo la compró, y cuando se vio en problemas económicos la ofreció en venta a su compadre Mariano, y él la adquirió por no ser ya de la Iglesia.
Don Mariano Fuentes Narro construyó entonces la casa, que en su mayor parte se conserva como él la hizo, con muros de adobe, piso de barro y techos de terrado.

Se encuentra esta antigua casona en pleno corazón de la ciudad, en un punto equidistante de los dos más antiguos y populares barrios de Saltillo: el Ojo de Agua y el Águila de Oro. Está en la esquina de la antigua calle de Santiago, hoy General Cepeda, y el viejo callejón del Caracol, cuyo nombre de siempre se conserva hasta hoy.

La bella fachada, construida con ladrillo artesanal, es obra y diseño de un anciano y querido albañil saltillero, don Juan Berino, y la puerta labrada en madera de encino conserva los antiguos adornos tallados a mano. Los faroles son igualmente de forja saltillense y resaltan la calidad antigua de la casa.




El alto zaguán, con airoso arco de medio punto, da al patio central de la casa de estilo granadino con fuente al centro y surtidor. Adorno en el piso de ese jardín es un gracioso canal para sacar el agua sobrante del riego de las plantas. Árboles diversos y variadas plantas de ornato, así como tiestos y macetas de diversas formas, adornan el jardín.

 

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A la derecha, en el zaguán, está la puerta que conduce a la oficina o “escritorio” en que despachaban sus asuntos de negocios los propietarios de la finca. El piso de mosaico de hermoso diseño es obra también de artesanos de Saltillo.

A más de cromos de la época se ven en las paredes antiguos mapas, planos de Coahuila y de Saltillo, e ilustraciones de antiguas revistas.

Sobre el escritorio se pueden ver tinteros antiguos y máquinas de oficina de épocas más recientes. En los anaqueles se guardan todas las máquinas de escribir que fueron usadas en el despacho a lo largo de los años. La más antigua de ellas, pieza única que sería orgullo de cualquier museo, accionada con un solo dedo, es de las primeras máquinas de su género que salieron al mercado.

En la ventana del despacho, la que da al patio, se ve un hermoso vitral que muestra el campanario de la Catedral de Saltillo.

El mobiliario de la oficina se complementa con un escritorio secretarial, igualmente único en su género por su ingeniosa construcción y originalidad.

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